24 jul 2015

Visto y no visto o el corte en movimiento

Por Manel Barriere Figueroa
Dice Walter Murch en su libro ya clásico En el momento del parpadeo, que el montaje reproduce fielmente nuestra forma de mirar. Cuando miramos la realidad estamos constantemente generando pequeñas elípsis en el paso de mirar un objeto a mirar otro, ya sea porque parpadeamos o simplemente porque focalizamos nuestra atención en dos espacios separados entre sí por un recorrido que nuestra percepción elude. Descartamos y encuadramos, y cortamos. Siempre entre plano y plano hay una elipsis aunque sea pequeña.
El trabajo del montador consiste en decubrir en qué momento parpadeamos porque ese es el momento de pasar a otro plano, el momento del corte. Al hacerlo, incluso cuando cortemos un movimiento, para generar sensación de continuidad deberemos eliminar algunos fotogramas. Generar discontinuidad para crear ilusión de continuidad, una ilusión que reproduce fielmente nuestro modo de mirar.
Pero en la vida real no siempre miramos lo mismo ni de la misma manera, y en una película no siempre queremos provocar las mismas sensaciones ni de la misma manera. La elipsis que generaremos, el número de fotogramas que eliminaremos al cortar en movimiento, dependerá del valor de los dos planos que se unen, de si estos son planos fijos o contienen algún movimiento de cámara, y también de la emoción que estemos intentando transmitir. Emoción y ritmo, acción y tensión dramática. En otros momentos, repetiremos parte del movimiento para alargarlo, por una cuestión de ritmo, o de cualquier otra de las razones esgrimidas anteriormente. No hay parámetros preestablecidos para consultar que nos indiquen dónde cortar, cuántos fotogramas eliminar, cuántos añadir. Montar, como dice el propio Murch, bailando con las imágenes.
¿Y el baile? En una escena de danza se produce un efecto curioso. La mejor manera de mostrar un baile seguramente sea en un plano secuencia. Cuando asistimos como público a un baile en la realidad, seguramente abrimos bien los ojos e intentamos seguir el movimiento del cuerpo ininterrumpidamente, porque este compone un discurso emocional fluido y orgánico. Pero el cine tiene otras exigencias. Narración, puesta en escena al servicio de la emoción y la tensión dramática. Construir un espacio, un tiempo cinematográficos. Es inevitable cortar. Entonces, reproducir fielmente nuestra forma de mirar tal vez supondrá mostrar el mismo movimiento en los dos planos consecutivos, añadir fotogramas, en lugar de cortar, de manera que podamos percibir el movimiento de los bailarines en su totalidad, percibir el sentido del movimiento, el esfuerzo del bailarin, su recorrido, su realidad corporea. Aunque claro, en este caso tampoco se trata de un patrón a seguir. No hay parámetros preestablecidos para consultar que nos indiquen dónde cortar, cuantos fotogramas eliminar, cuantos añadir. Nos toca bailar.


cortar-parpadear