15 jul 2014

Tres instantes, un grito: cercanía y distancia a través del montaje

Una de las cualidades del montaje es la de establecer relaciones de sentido. De ahí proviene su capacidad para la manipulación. De ahí también la necesidad de un compromiso ético con el que todo cineasta debe acercarse a la realidad filmada, para traspasar prejuicios, tópicos o discursos preconcebidos y construir un relato fiel desde la subjetividad. Cristina Otero Roth, montadora de este documental que es a la vez testimonial e historico, testigo de la historia, nos cuenta cómo se desarrolló el proceso.

¿Cómo afrontasteis el trabajo con la cantidad de material que teníais? ¿Planteasteis algún método particular para el montaje de la película?
Cecilia Barriga me habló de su proyecto cuando estaba grabando imágenes en la Puerta del Sol, en pleno 15-M. Entonces aún no había pensado en Nueva York ni Chile, así que empezamos con unas 80 horas de material, que es mucho, pero no tanto si pensamos en las casi 300 finales. Como suele ocurrir con los documentales, uno se lía la manta a la cabeza antes de ver las verdaderas dimensiones del trabajo, y luego, cuando ya estás en el proceso, vas resolviendo sobre la marcha. Estoy acostumbrada a manejar muchas horas de material, y mi única receta es la siguiente: paciencia infinita (hay que verlo todo y ordenarlo con rigor bibliotecario) y un criterio claro, para descartar con cierta rapidez lo que no es útil. (Gracias a lo primero, siempre se puede volver a rescatar material descartado, porque todo está en la memoria)
En cuanto Cecilia planteó Nueva York y Santiago de Chile, los criterios estuvieron mucho más claros. Era necesario encontrar los puntos en común entre los tres movimientos, y al mismo tiempo, la personalidad de cada uno. Como elementos diferenciadores, en Madrid optamos por la organización asamblearia, en Nueva York por el espectáculo (el show business, vaya) y en Chile por el aspecto humano. Tanto las similitudes como las diferencias fluían orgánicamente en el material, así que no hubo nada artificial en esas decisiones.
¿Cómo fue la relación con la directora a lo largo del proceso? ¿Impuso su criterio o estaba abierta a un trabajo conjunto?
La relación con Cecilia es fácil por su forma de ser. Tenemos  amistad desde hace años, pero eso no garantiza una buena armonía en el trabajo, como he podido comprobar en otras ocasiones. No recuerdo nunca una imposición por su parte, su capacidad de escucha es prodigiosamente coherente con los contenidos del documental. Por otro lado, nuestro método ha sido un poco “sui generis”, ya que ella montaba al tiempo que yo, luego intercambiábamos las secuencias y de vez en cuando nos reuníamos para capitular, debatir, hacer un poco de “brainstorming”.
Este método fue muy útil en las  temporadas que Cecilia pasó grabando en Nueva York y Santiago. Siempre me ha gustado montar mientras se rueda, porque el director puede ir vislumbrando muchos aspectos que el montaje aporta. Eso le permite corregir sobre la marcha, tener nuevas ideas o simplemente adquirir mayor confianza en lo que está haciendo.
¿Cómo se llega a la estructura en tres partes? ¿Barajasteis otras opciones o se planteó así desde el principio?
En cuanto tuvimos la certeza de que se iba a grabar en NY y en Santiago nos hicimos esa pregunta. Es curioso que sea lo que más nos han preguntado en los debates posteriores a las proyecciones. Teníamos la opción de entremezclar las tres ciudades en montaje paralelo con una estructura temática. Pero no tardamos en darnos cuenta de que era mejor opción hacer tres capítulos independientes, y dejar al espectador establecer relaciones entre ellos. Por un lado, mezclar las tres ciudades nos obligaba a estar muy alerta para evitar la confusión de espectador, y eso no nos aportaba nada. Por otro, intuíamos que si seguíamos ese camino,  iba a convertirse en una película de tesis, en la que mandarían casi exclusivamente los contenidos, y siendo como es un documental militante, estaba claro que incurriríamos en grave delito de redundancia.
Pero la razón definitiva es que, conservando la unidad espacial, podíamos transmitir mejor el espíritu de cada acampada-ocupación-toma-, la atmósfera, la dinámica interna de cada uno de los tres movimientos. Si hubiéramos desintegrado el material, difícilmente el espectador habría podido hacerse una idea de lo que supuso el 15M en Madrid y la organización asamblearia, Occupy Wall Street y la importancia que tiene el “entertainement” como forma de comunicación para los estadounidenses, la Toma de los institutos chilenos y la poderosísima lucidez de los adolescentes.
¿Un material comprometido políticamente como este requería un enfoque especial a la hora de montar las secuencias? ¿Qué buscabais exactamente?
Lo que se plantea un cineasta siempre es transmitir lo mejor posible la historia que quiere contar. En este caso, la historia (movimientos sociales se rebelan contra el poder establecido) estaba cargada de ideas (cómo cambiar las cosas y porqué). Como el de todo montador, mi trabajo consistió en hacer el montaje invisible para ponerlo al servicio del relato: establecer orden, encontrar emoción allí donde la hubiera, intentar hacer una película lo más amena posible.  En ese sentido, creo que nuestro trabajo fue igual a cualquier otro.
Pero es verdad que el aspecto político introduce elementos nuevos. Tanto Cecilia como yo (ella activamente, yo más bien a través de la empatía), estamos involucradas políticamente con las tres acciones. Eso no hemos intentado negarlo ni disimularlo. No es la mirada de Dios la que hemos arrojado sobre los hechos, sino la nuestra (la de la directora, principalmente), la de personas implicadas. Pero dentro de eso, sí nos ha importado ser honestas con lo que ocurría en cada sitio, mostrando sus contradicciones y conflictos internos. No hemos descartado material porque “desluciera” el ideal utópico. Ni tampoco hemos hecho secuencias con deriva sentimental, a pesar de que tuvimos varias tentaciones. Creo que lo hemos conseguido en buena parte, pero por supuesto, se aceptan críticas.
Creo que la película establece una doble relación entre las tres partes de equiparación y de diferenciación. ¿Cómo se articula a nivel de montaje?
Uy, creo que me adelanté a esta pregunta en la primera. Pero me explayaré un poco: soy de la opinión de que al material no le puedes imponer tu criterio (a menos que seas video artista, o artista multimedia, donde las premisas son completamente distintas). Al material hay que escucharlo, y moldear los canales para que fluya con todo lo que arrastra consigo. Pero siempre hay una manipulación por parte del cineasta. Muchos mensajes que expresan los participantes son muy similares, a veces idénticos. Intentábamos elegir el más cinematográfico siempre (y ése es un criterio subjetivo, pero no tanto). Muchas veces optábamos por la repetición, pero con dos intenciones distintas: en unas ocasiones, la repetición servía para reforzar las diferencias entre los tres ámbitos, y en otras, para matizar o completar un mensaje.
Pongo un ejemplo del primer caso: el feminismo estaba presente en las tres protestas. Y nos pareció que tenía que estar en los tres capítulos, como elemento unificador, pero al mismo tiempo, como pantalla de la diversidad. En Madrid, el feminismo se manifiesta en una asamblea, es una reivindicación directa de una chica que exige el uso generalizado del femenino en el lenguaje -ya que todos somos personas, dice-. En Nueva York, también lo mostramos en asamblea, pero esta vez una chica se muestra agradecida por encontrar su lugar como mujer, es una escena más bien sentimental y positiva al estilo estadounidense. En Chile, las adolescentes cuelgan sus sostenes y se desnudan, mostrando la osadía, la inocencia y la maravillosa impertinencia de su primera juventud.
Y ahora, pongo un ejemplo del segundo caso: los medios de información. En Madrid se alerta a los acampados de las consecuencias mediáticas de sus actos, es algo que tienen en cuenta pero no saben muy bien cómo manejarlo. En Nueva York, una “performance” nos muestra cómo la televisión –y por extensión, los medios convencionales- convierte a los ciudadanos en meros robots, en rebaño fácil de manipular. En Santiago, dos adolescentes nos dicen que los medios son un arma muy activa en manos del enemigo, que miente y falsea para esconder la realidad a la gente. Vemos cómo la idea se desarrolla en tres fases: los medios de comunicación están ahí y no podemos dejarlos al margen por mucho que los despreciemos, los medios de comunicación nos alienan y hay que ignorarlos, los medios de comunicación mienten y hay que luchar contra ellos.
Y como colofón diré que nunca hemos creído estar en posesión de la verdad, pero sí que hemos trabajado con el entusiasmo de saber que merece la pena luchar por el cambio.