15 nov 2013

Del libro de montaje como acontecimiento

Por Manel Barriere Figueroa
Desde que empecé a estudiar cine oigo expresiones y frases hechas que reivindican la importancia del montaje. Tardé un poco en darme cuenta, en eso la experiencia fue el único grado, que en la mayoría de producciones que se desarrollan en este país, esta importancia estriba en que durante el montaje se deben solucionar los múltiples problemas generados en el rodaje, condicionado generalmente por lo ajustado, a veces raquítico, de los presupuestos.
"¿Y los Cien mil hijos de San Luís?" le dice un náufrago a otro en una viñeta del gran Forges. "Esto lo arreglaremos en posproducción" contesta el otro.


El montaje es importante en la intimidad, podríamos decir. Cuando todo ha terminado, el director se encierra en el laboratorio con su monstruo de Fránkenstein desmembrado aun, y empieza a hacer frente a todos sus aciertos y errores. A eso dedica su tiempo y su alma, pero solo después de haber puesto en el rodaje toda la carne en el asador, como suele decirse. Vivir rodando, la esencia del cine, cuando en realidad, a cada semana de rodaje le corresponden 4, 6 o 10 semanas de montaje en función del proyecto.

Esta realidad se refleja también en las estanterías de las librerías especializadas. Películas, géneros, crítica, autores, estrellas, e incluso algún director de fotografía ocupan casi la totalidad de las páginas y páginas que se publican anualmente sobre el séptimo arte. Por este motivo, el libro de Pau Atienza Historia y Evolución del montaje audiovisual: de la moviola a you tube es una novedad en todos los sentidos. Y desde mi punto de vista un acontecimiento a celebrar.

Existen otros libros sobre montaje. Algunos excelentes. Pero muy pocos. Y desde luego, no existe en español un manual sobre el montaje, su práctica, su historia y su evolución, no diré tan completo como el de Pau Atienza, porque sencillamente no hay otro. Y sin embargo es un libro completo, exhaustivo, que leí con placer y que me sirvió posteriormente para preparar mis clases de montaje y lenguaje audiovisual, lo cual agradecí enormemente.

Pau siempre habla de su admirado Godard como de una caja de herramientas, y creo que, tal vez inconscientemente, eso es precisamente lo que ha escrito. Un punto de partida para adentrarnos en el difícil arte de pegar imágenes. En el difícil trabajo, u oficio, diría antes que arte, ya que su libro está apegado a la realidad material del que maneja con sus propias manos aquello de lo que habla. Apegado a la realidad por el hecho de escribir desde la experiencia, no solo del montaje como profesión, también de la reflexión y la docencia. Apegado a la realidad por tener en cuenta todos y cada uno de los aspectos del montaje, disciplina tan amplia que va mucho más allá del propio proceso de montaje incluso del propio cine. Apegado a la realidad por tener en cuenta la necesidad de un libro de estas características, a partir del cual se pueden desarrollar otros que profundicen sobre temas concretos o que planteen acercamientos más personales o particulares. Otros, espero que él mismo, podrán escribir de la D a la Z,  pero el ABC del montaje, en este país, es obra de Pau Atienza.